La Ribeira Sacra es una de esas comarcas que no encajan en una postal: es a la vez un cañón fluvial, un paisaje agrícola labrado a mano durante siglos y una de las mayores concentraciones de románico rural de Europa. Está entre las provincias de Lugo y Ourense, alrededor de los ríos Sil y Miño, y la mejor forma de entenderla es alternar miradores desde arriba, barco desde abajo y bodegas en medio. La base natural es Monforte de Lemos.
Monforte de Lemos, la base
Monforte es una ciudad pequeña con dos hitos: el conjunto monumental de San Vicente do Pino (torre del homenaje, monasterio convertido en parador y palacio de los condes de Lemos) en lo alto de la colina, y el Colegio de Nuestra Señora de la Antigua, un enorme edificio herreriano al que llaman "el Escorial gallego", con dos cuadros de El Greco en su museo. El casco viejo baja desde la colina hasta el río Cabe, y la ciudad tiene una vida normal, de comarca, que se agradece después de otros destinos más turísticos.
Los cañones del Sil: miradores y catamarán
Desde Monforte, la carretera hacia Sober y Doade lleva en media hora al borde del cañón. Los miradores que más merecen la pena son los Balcóns de Madrid (Parada de Sil), el de Cabezoás y el de Souto Chao, en Doade, sobre las terrazas de viñedo más vertiginosas de la comarca. Ninguno exige caminar mucho: el coche llega casi hasta el borde.
El catamarán sale de varios embarcaderos (Santo Estevo, Abeleda, Doade) y recorre el cañón durante algo más de una hora. Desde el agua se aprecia la escala de los bancales, plantados en pendientes de hasta el 70 % y trabajados aún hoy a mano y con pequeños raíles: lo que aquí llaman "viticultura heroica".
Consejo de la redacción: combina el barco de la mañana con una visita a bodega por la tarde en Doade o Amandi. Las bodegas pequeñas abren con cita previa y suelen incluir la subida a los bancales. Los tintos de mencía de la D.O. Ribeira Sacra son ligeros y frescos, muy distintos del tópico del tinto gallego.
Monasterios y románico
El nombre de la comarca viene de sus monasterios, y hay que ver al menos tres. Santo Estevo de Ribas de Sil, hoy parador, es el más grande, con tres claustros. Santa Cristina de Ribas de Sil está escondido en un bosque de castaños al borde del cañón y es el más emocionante. Y San Pedro de Rocas, excavado en la roca en el siglo VI, es el más antiguo y el más raro. Si te sobra un día, la ruta del Miño por Chantada y Belesar añade otro cañón, con las terrazas más suaves y los pueblos de bodega en el fondo del valle.
Dónde dormir
- Apartamento Dactonium - Ribeira Sacra, en Monforte de Lemos: apartamento con cocina, balcón con vistas a la ciudad y buena ubicación para usar Monforte de base. Ideal para dos o tres noches con coche.
Si prefieres dormir dentro del cañón, los paradores de Santo Estevo y de Monforte son la alternativa clásica, y en Doade y Sober hay casas rurales entre viñedos. En cualquier caso, reserva con antelación en septiembre y octubre: es la temporada alta real de la comarca.
Información práctica
- Cómo llegar: Monforte tiene estación de tren (líneas a Ourense, Lugo y Madrid); el aeropuerto más cercano con vuelos regulares es Santiago (1 h 40 min).
- Cómo moverse: imprescindible coche. Las carreteras son estrechas y con curvas, pero están bien señalizadas hacia los miradores.
- Cuándo ir: otoño para la vendimia y el color; primavera para el verde. Evita las horas centrales del verano en el fondo del cañón.
- Qué comer: empanada, carne de ternera gallega, castañas en otoño y, por supuesto, mencía y godello de la zona.
Preguntas frecuentes
¿Dónde conviene alojarse para visitar la Ribeira Sacra?
Monforte de Lemos es la base más práctica: está en el centro de la comarca, tiene estación de tren y servicios, y desde allí se llega en 30-40 minutos tanto a los cañones del Sil como a los del Miño.
¿Merece la pena el catamarán por el Sil?
Sí, sobre todo si es tu primera visita: es la única forma de ver los viñedos en terrazas desde abajo. Reserva con antelación en verano y en puentes; en invierno los horarios se reducen.
¿Cuál es la mejor época?
Otoño, sin duda: la vendimia en las terrazas (septiembre) y el color de los castaños y robles (octubre y noviembre). La primavera es la segunda mejor opción; en verano hace calor en el fondo de los cañones.